27 de diciembre de 2008

Deja de ser

Deja de ser ese que observa
transcurrir los días y el llanto,
que oye los pasos resonar
en el mármol olvidadizo,
que quiere comer con las manos
y volar con alas raquíticas.

Deja la añoranza de moldes,
de yugos, de órdenes sencillas.

Deja la obediencia para los ciegos
y la ira para los ignorantes.

Deja de latir gris y acompasado,
atrévete a domesticar los días,
a secar las quejas enquistadas,
a caminar sobre el aliento de la piedra,
a no necesitar alimento,
a las mañanas sin cielos abortados.

Ese hombre único
sin cuello para la soga,
ese hombre,
capaz de perseguirse.

16 de noviembre de 2008

Gestionando los silencios

Gestionando los silencios
topé con el mutismo
de los pies ignorando el camino.

Callé.

Recogiendo el hato de truenos
ahogué un grito
bajo la eterna queja avinagrada.

De nuevo callé.

Frotando la lámpara agotada
saltaron los resortes
de la sumisión y el miedo.

Grité. Entonces grité.
Convencido de la urgencia,
de mi voz acorralando pasado.

Grité. Ese día grité.

Sabiendo lo que sabe la aguja.
Dispuesto a cerrar las puertas a la rabia
rebotada desde los oídos del mundo.

El grito se apagó.

Hoy ya no me escucho,
hoy mi verdad en un susurro
busca un lugar para yacer
tranquila en este páramo
de aullidos desplomados.

De nuevo sumiso,
de nuevo timorato.
De nuevo hombre
esperando que la ira
saque los pies del plato.

3 de noviembre de 2008

Olvida las carencias
y come de mi pecho el fruto
que te dará la vida.
Besa más allá de tus manos estiradas
deseando huir de su correa,
más allá de una visión
encarcelada por una miopía de imposibles.
Desea,
pero no quieras nada,
sólo desea, pídelo todo, busca la pieza
que siempre está perdida.
Grita y rompe los tímpanos
de las jaulas,
haz aullar a los perros
y llorar a los hombres,
que giman los lobos y caigan las rodillas.
Suda el veneno que te inculcaron
los dioses
que viven y no existen,
esos que caminan sin ojos
y orinan en tu cerebro.
Aprieta los dientes hasta que su rechinar
haga sangrar conciencias.

27 de agosto de 2008

Apagas la ironía de la ladera escarpada

apagas la ironía de la ladera escarpada
con tus palabras como asideros

desafías el griterío de las gaviotas
con tu marea independiente de luna

llenas con tu presencia borrosa
los lechos resecos de los ríos

con gesto educado abres mis entrañas
para que me salpique su vitalidad recuperada

27 de julio de 2008

recibo tus afectos
con guantes de beisbol

anticipo tu presencia
y huyo a las frescas circunvoluciones de mi cerebro

espero que (hoy) despiertes odbviándome
para recuperar las palabras
sobre futuros posibles sin manos de médico abortista
que lavar en esta palangana pagada a medias

11 de julio de 2008

la palma con los dedos abiertos
apoyada sólo la punta de las uñas
duras de manicura
en el repicar de la ansiedad

como una salamanquesa
rondando la rabiosa resistencia orbitada por polillas
pegada al cristal circense
telón de un engaño hecho oxigeno

una mano de águila famélica
una boca con puntadas de exigencia
olvidada de su naturaleza

una persona vaciada
ignora el pájaro que picotea su pierna
en busca de nutritiva indiferencia.

12 de junio de 2008

Rutina

La metralla helada, el acero entrechocando en la cara interna de mis sienes cuando agito la cabeza en un gesto de negación inservible.

31 de mayo de 2008

Buganvillas

Es cuestión de espacio:
mi balcón no es un huerto.

Es cuestión de tiempo,
de llamas encendidas en los dedos.

Es cansancio del que espera,
es espera el lenguaje de los muertos.

Un deseo se desborda:
me brotan buganvillas en el pecho.

12 de mayo de 2008

Dejar atrás

olvida en las acciones deshilachadas
los futuros improbables

aspira a derrocar arañas
a construir panales
para llenarlos de encrucijadas y espuma

olvida este ajetreo de barco avejentado
la profundidad del mar
y la insignificancia de las playas que te visten

7 de mayo de 2008

Mama dos caras

la madre de la autodesdicha
sistemática madre
asesina
regazo áspero
olvida la boca del niño
ajironado en sus brazos

VS

la madre compasiva y justa
dulce voz en dulces manos
fértil
en su regazo se entrelazan
los hijos del mal y del bien
aspirando al mismo pecho

3 de mayo de 2008

Me tortura

Me tortura
caminar por el límite del parque
tocando con los dedos
índice
corazón
y anular
los barrotes que enjaulan el verdor prohibido
la mano siguiéndome de lejos
mordiendo el óxido

Me tortura
borro la sonrisa germinal
cuando escucho las ramas temblar al paso de la ira
las flores inclinarse
romperse
morirse
sólo para permitir vivir al hombre
convertido en bestia
las flores mustias que se inmolan
para negarnos
olor
color
y grito
flores que no cimbrean ni cantan
que no chillan promesas
flores que prefieren silencio
y nos liberan de la belleza tentadora.

para David

26 de abril de 2008

Arrullos -fragmento-


3.

Releo la leyenda del rey justo,
toco los hilos podridos del pecho.
El niño precipitándose,
la madre con fango en los suspiros,
su crispada catatonia,
su lengua negra,
su figura tapando el azúcar y la luz.

Releo el cuento del mundo afuera derretido:
Irreal y desdibujado,
construido con arañazos,
licuado a fuerza de tanto giro.
Un mundo insuficiente,
destartalado, áspero, oxidado,
sumergido en veranos consecutivos.

Releo viejas historias varadas.
Al aire quillas y costillas
acarician esta agonía de cloaca.
Historias muertas en las playas de Namibia,
en la habitación clausurada,
en la palabra mágica emborronada,
en la posibilidad encapuchada sobre el patíbulo.

Releo y rebusco en mi rutina
de autobuses y ojos desecados por el sueño.
Son tantas raíces nervudas,
tantas sendas engullidas por la lengua de los jaramagos,
demasiadas palabras escritas sobre el rey Salomón.

Releo el relegado aliento de los párpados raídos.
Lo inimaginable, lo no imaginado.
Sonrío ante la probable ruina
del niño,
del poeta,
del medio hombre
incapaz de convertir el hondear de una palma sudada
en un atronador puñetazo de nudillos despellejados.
Incapaz de ser más que mitad defectuosa
a merced de un cuerpo plagado de bocas desatendidas.

20 de abril de 2008

Escuece -La queja que no cesa-

Me escuece el reflejo del cloro
en esa higuera de sombra esquiva
que me negó sus favores;
estoy pudriéndome, ardiendo.
Me escuecen los amigos
ebrios a escasos kilómetros de mi deseo,
amigos que ya lo son menos
porque así lo siento y lo digo.
Me escuecen las grietas que se agrandan,
las separaciones como bocas secas,
los olvidos y las omisiones.
Me escuece saberme complejo
y pintarme como un monigote
en el folio rugoso de mi tarjeta de visita.
Me escuece mirar y no retener,
pensar y no manejar mis ideas,
ir último en todas las carreras,
ser sordo a las pistolas y a las oportunidades.
Me escuecen las avestruces
y las dagas que se quedaron
en los rincones que no barro.
Me escuecen las parejas cojas,
las peleas que se retuercen
y derivan en rupturas,
las reconciliaciones húmedas y falsas.
Me escuece esta falta de piernas,
este caminar en círculos,
este sentarme a elegir un mundo
en catalogo anticuado.
Me escuece esta montaña de inercia
esta sístole sin furia,
esta diástole de abismo adolescente.

12 de abril de 2008

Xilófono

Un corte limpio desde la nuez hasta el ombligo.
Tirando de los extremos de la piel abrí el pecho por el capítulo siete.
Descubrí mi esternón y mis costillas.

Y toqué con mi bolígrafo lo que debía ser una melodía salvadora.

Pero sólo sonó el humo de los hombros vencidos,
las migas mojadas en leche y sangre, los picos mojados en silencio.

Y toqué, anticipándome al descanso que se toma la vida entre muerte y muerte,
para comprobar si es verdad esa historia sobre la felicidad arrebatada,
esa leyenda que nos contaron sobre la sonrisa del hombre desgraciado.

Y toqué con mi bolígrafo la posibilidad de una sordera suave,
pero sonó el tacón contra el asfalto tirano,
los pasos esclavos levantando pirámides en el desierto de mi pecho.

Un final precipitado de sillas derramadas.
Cremallera y manta, me cubro con el latido de mi vergüenza.
Convierto en advertencia la cicatriz entre mi vientre y mi garganta.

5 de abril de 2008

Ojitos

tras esos ojos como huesos de chirimoya escupidos en plato de postre

ojos de piedra mareada en la orilla del paseo marítimo inalcanzable

ojos puertas a un vacío adornado con farolillos

aviesos motivos para dejar de ser saliva

traviesos bufidos con cascabel incansable

ojos de rata licenciada en escenografía

ojos precipicio para lemings de sobremesa

tras esos ojos como moscas reventadas en un cristal

abrazadas la maldad y la mayor de las estupideces

28 de marzo de 2008

Mercadillo

Los domingos en el mercadillo me deshago de los recuerdos que ya no me sirven.

Alguna vez me llevo de vuelta otros que no me pertenecen para ver si encajan con los huecos evidentes de mi deambular.

Los lunes nada más abirir los ojos veo en el espejo el primer recuerdo que dejaré sobre la manta dentro de siete días.

Los domingos en el mercadillo lavo mis pecados, vuelvo confesado, puro y a veces incluso optimista.

25 de marzo de 2008

17 de marzo de 2008

Ahora vete

Ahora vete mientras ahueco esta ira para que estés cómodo cuando vuelvas
de noche
porque siempre vuelves con búhos ululando maleficios
con viento pútrido azotando cortinas translucidas
con colmillos clavados en respuestas y negaciones

Vete mientras encuentro las razones para esperar tu vuelta
de noche
cuando ya esté muerto
cuando el futuro se haya condensado
y no baste tu regreso para entender (cortar) esta puerta descabalgada
porque estoy cansado
corro

porque estoy perdido
esta mirada de lobo sobreactuado

9 de marzo de 2008

Lentitud

Aprendí a percibir hasta el más pequeño cambio en tu ánimo gracias a las horas empleadas en atisbar como se abren los tulipanes, como se mueve la aguja pequeña del reloj de pared en el salón oscuro, como pelean los caracoles por ascender hasta lo más alto de la barandilla oxidada del balcón.

Es esta misma paciencia que criticas, la que me hace gritar cuando salimos a la autovía y aceleras y yo me tengo que tapar los ojos, la que me hace ignorar los minutos ya que la aguja grande avanza demasiado rápido. Esa misma paciencia que quemas con tu voz irónica la que me permite darme cuenta de cuando acechan tempestades y falacias tras esa sonrisa de eterno comodín imperturbable.

1 de marzo de 2008

Breviario I

Cuando la luz amarillenta cuelga de las farolas y tu te duchas en ella pienso en que quedarás embadurnado de esa luminosidad viscosa. Enseguida pasas a la sombra y te limpias, te emborronas, te conviertes en la sombra de la que me enamoré.

22 de febrero de 2008

Refranes que son mentira I

MUERTO EL PERRO

la rabia me domina cantarina de verdades
todo lo impregna
los lugares que visto
los fluidos que gotean en el asfalto y en las sábanas

El niño en su cajita blanca

rabia que llama al niño para reírse del hombre
decorarlo con escupitajos y cuentos de hadas
que retuerce las arrugas y las convierte en lágrimas
contenida la rabia revienta corazones

El hombre impertérrito

la rabia me domina
me vence varias veces al día
la rabia me despelleja
me deja desnudo ante la escasa evidencia de mi cuerpo

El viejo con un vocabulario salado

11 de febrero de 2008

Escribirte en el aire

escribirte en el aire
cicatrices recatadas
ofrecerte bandejas de plata vacías
para condensar tu aliento
y poder cortarlo con un trazo
de mi dedo tembloroso

9 de febrero de 2008

Impresiones de un primer encuentro.

Porque sentir no debería ser un reto. No debería detenerse jamás esta líquida sucesión de palabras para extinguir el silencio recalcitrante.
Porque hay pequeños ventanales con dintel de medio punto regalando luz a las jacarandas mientras abajo suena el hilo invisible que rompe tu voz. Ya bajo.
Después vienen los pasos con pies de mármol, visita guiada por el propio rey, ojos nerviosos, oídos ávidos y dos mesitas que se van llenando de timbres y cerveza.
Tu cara, por fin tu cara. Tu casa, por fin tu casa. La historia se despereza de distancias y yo me quedo en silencio, todo miradas de par en par y electricidad en la palma de las manos.
“Hay que dejar salir lo viejo para que entre lo nuevo”
Jamás un tópico supo tan delicioso, disloco la mandíbula para dejarlo entrar. El paté que untas y me ofreces, matas a una anciana italiana delante de mí, sin tapujos, quemas aseos, te resumes, cojo el vaso y bebo, me relamo para quitar la espuma que me acaricia el labio superior.
“Hay que dejar salir lo viejo…
Te decides por el pomo de la rosa verde y hablas sobre espacios que cambian. Mastico con los párpados, hipnotizado, el giro de la arandela que desenroscas, colocas la flor nueva en la vitrina y se obra el milagro, estamos en otro salón, el nuevo salón que me regalas.
Me recuesto en el sofá pensando en mis palabras entrecortadas, en tus cejas tan expresivas, en mis piernas soldándose a las baldosas del suelo.
...para que entre lo nuevo”.
Apuramos el último sorbo, la mesa se queda llena de superstición y curiosidad, bajamos en silencio, de puntillas, nos abrazamos.
Mientras me alejo pienso en la calavera de tu pasillo y en como ya estoy en tu colección de personas. Doblo la esquina con el estúpido orgullo infantil de ser el más alto de todos.

Para Chema.

1 de febrero de 2008

Se agolpan

se agolpan los colores contra los cristales
suenan disparos
suenan camiones que orinan piedras y polvo
suenan rodillas ancianas bajo faldas plisadas

se agolpan manos frías alrededor de la taza
suenan escamas de buzos ahogados
suenan pozos ávidos de monedas
suenan aplausos de corazón en la palma de adoquines

piel franela desollada
despierto desnudo de realidad

28 de enero de 2008

¿Quién?

No soy más que un niño que patalea para ver si alguien se vuelve y le regala un bocadillo de perlas.
No soy más que un joven con las manos ardiendo atrapado en la mentira de la que se esconde.
No soy más que un buscador de oro en el cauce reseco del arroyo que solía surtirle de esperanza. Allí clavado, convertido en paisaje, se confunden mis gritos con los besos del agua que bajaba furiosa entre las piedras. Desde su refugio el guarda forestal escucha y asiente satisfecho, nada ha cambiado piensa, el agua sigue su cauce, sigue hablando el mismo idioma de siempre. Se queda cerca del fuego calentándose las manos, con la calma que da la ignorancia empieza a cerrar los ojos, se duerme, se muere, desaparece sin saber que las verdades se disfrazan de costumbre.

Mientras dudo me consumo, me adelantan a una velocidad excesiva, por la derecha y por la izquierda, veloces ideas sin rostro, y yo sigo empecinado en mantener esta expresión impasible, esta boca abierta repleta de moscas que dan tirones a mi lengua, estos ojos opacos detenidos en un tiempo no inventado.

24 de enero de 2008

Fresas

Hoy he probado por primera vez las fresas con azúcar. Sigo prefiriendo los dedos que mamá metía en el azucarero cuando llegaba de trabajar en los invernaderos. “Toma, niño —me decía tendiéndome la mano—, fresas recién cortadas”.

22 de enero de 2008

Desesperada cuenta

tengo cuatro minutos
para desenredar tu pelo
en un resumen de casquería anatómica
un juego
desconstruido
esparcido
amontonado
la manos limpias de cráteres
la boca cerrada
las pirámides sin la sabiduría de las momias

apenas cuatro minutos
para contonearme y caer mito
para limar las espinas de mis tobillos
acotar el contorno de mis ansias
y morir sin epitafio ni estertores

cuatro minutos
para desnudarme de la tragedia obesa
cuatro minutos
que saciarán este hambre encorvada

17 de enero de 2008

Comienzo

Las yemas arrugadas del recién nacido, el escozor en los ojos, el llanto atronador. Mientras que habla un muerto Ángel González yo intento ser la matrona de mi propio renacer. Intento tomar ejemplo de él que supo ignorar lo evidente y acariciar desde dentro otras pieles, de él que supo disecar el torrente del agua, que supo despertar curiosidad entre los hombres de bombín y hebras de humo, lo intento pero sólo se escucha el llanto que reclama un espacio diminuto, un lugar en este desvanecerse, en este adentrarse más y más en lo desconocido.

Húmedo, tembloroso, satisfecho, mastico la soga que une mi ombligo con ese Víctor que duerme para no despertar.

Excitado, nervioso, brillante. El chirrido de la puerta que se abre y ya no corro pasillo abajo, me quedo ahí, esperando, negando la posibilidad de revisar las manchas dejadas a modo de testamento por mi sangre mentirosa. Esperando a que la luz se dibuje en el quicio, a quedarme ciego y avanzar a tientas palpando con la punta de mis dedos los troncos de los olivos. Esperando desbrozar con más ensayos que errores las ansias de ser semejante al que gritaba intenciones en brazos de una madre atónita.

En este bautismo de mañana sin importancia apoyo mis ganas en la condición espesa de las cosas, sólo para poder ponerme en pie, para aprender lo que es el equilibrio mientras mamá se come la placenta y el arnés de seguridad. En este comienzo hastiado comienzo a atisbar la condición huidiza de los deseos.

Lloro de esperanza y río de insatisfacción.