26 de abril de 2008

Arrullos -fragmento-


3.

Releo la leyenda del rey justo,
toco los hilos podridos del pecho.
El niño precipitándose,
la madre con fango en los suspiros,
su crispada catatonia,
su lengua negra,
su figura tapando el azúcar y la luz.

Releo el cuento del mundo afuera derretido:
Irreal y desdibujado,
construido con arañazos,
licuado a fuerza de tanto giro.
Un mundo insuficiente,
destartalado, áspero, oxidado,
sumergido en veranos consecutivos.

Releo viejas historias varadas.
Al aire quillas y costillas
acarician esta agonía de cloaca.
Historias muertas en las playas de Namibia,
en la habitación clausurada,
en la palabra mágica emborronada,
en la posibilidad encapuchada sobre el patíbulo.

Releo y rebusco en mi rutina
de autobuses y ojos desecados por el sueño.
Son tantas raíces nervudas,
tantas sendas engullidas por la lengua de los jaramagos,
demasiadas palabras escritas sobre el rey Salomón.

Releo el relegado aliento de los párpados raídos.
Lo inimaginable, lo no imaginado.
Sonrío ante la probable ruina
del niño,
del poeta,
del medio hombre
incapaz de convertir el hondear de una palma sudada
en un atronador puñetazo de nudillos despellejados.
Incapaz de ser más que mitad defectuosa
a merced de un cuerpo plagado de bocas desatendidas.

20 de abril de 2008

Escuece -La queja que no cesa-

Me escuece el reflejo del cloro
en esa higuera de sombra esquiva
que me negó sus favores;
estoy pudriéndome, ardiendo.
Me escuecen los amigos
ebrios a escasos kilómetros de mi deseo,
amigos que ya lo son menos
porque así lo siento y lo digo.
Me escuecen las grietas que se agrandan,
las separaciones como bocas secas,
los olvidos y las omisiones.
Me escuece saberme complejo
y pintarme como un monigote
en el folio rugoso de mi tarjeta de visita.
Me escuece mirar y no retener,
pensar y no manejar mis ideas,
ir último en todas las carreras,
ser sordo a las pistolas y a las oportunidades.
Me escuecen las avestruces
y las dagas que se quedaron
en los rincones que no barro.
Me escuecen las parejas cojas,
las peleas que se retuercen
y derivan en rupturas,
las reconciliaciones húmedas y falsas.
Me escuece esta falta de piernas,
este caminar en círculos,
este sentarme a elegir un mundo
en catalogo anticuado.
Me escuece esta montaña de inercia
esta sístole sin furia,
esta diástole de abismo adolescente.

12 de abril de 2008

Xilófono

Un corte limpio desde la nuez hasta el ombligo.
Tirando de los extremos de la piel abrí el pecho por el capítulo siete.
Descubrí mi esternón y mis costillas.

Y toqué con mi bolígrafo lo que debía ser una melodía salvadora.

Pero sólo sonó el humo de los hombros vencidos,
las migas mojadas en leche y sangre, los picos mojados en silencio.

Y toqué, anticipándome al descanso que se toma la vida entre muerte y muerte,
para comprobar si es verdad esa historia sobre la felicidad arrebatada,
esa leyenda que nos contaron sobre la sonrisa del hombre desgraciado.

Y toqué con mi bolígrafo la posibilidad de una sordera suave,
pero sonó el tacón contra el asfalto tirano,
los pasos esclavos levantando pirámides en el desierto de mi pecho.

Un final precipitado de sillas derramadas.
Cremallera y manta, me cubro con el latido de mi vergüenza.
Convierto en advertencia la cicatriz entre mi vientre y mi garganta.

5 de abril de 2008

Ojitos

tras esos ojos como huesos de chirimoya escupidos en plato de postre

ojos de piedra mareada en la orilla del paseo marítimo inalcanzable

ojos puertas a un vacío adornado con farolillos

aviesos motivos para dejar de ser saliva

traviesos bufidos con cascabel incansable

ojos de rata licenciada en escenografía

ojos precipicio para lemings de sobremesa

tras esos ojos como moscas reventadas en un cristal

abrazadas la maldad y la mayor de las estupideces