27 de diciembre de 2008

Deja de ser

Deja de ser ese que observa
transcurrir los días y el llanto,
que oye los pasos resonar
en el mármol olvidadizo,
que quiere comer con las manos
y volar con alas raquíticas.

Deja la añoranza de moldes,
de yugos, de órdenes sencillas.

Deja la obediencia para los ciegos
y la ira para los ignorantes.

Deja de latir gris y acompasado,
atrévete a domesticar los días,
a secar las quejas enquistadas,
a caminar sobre el aliento de la piedra,
a no necesitar alimento,
a las mañanas sin cielos abortados.

Ese hombre único
sin cuello para la soga,
ese hombre,
capaz de perseguirse.