20 de diciembre de 2011

Decidir para continuar huyendo.

La conclusión, después de mucho análisis de los restos válidos de ideas supervivientes, aparece clara. No escribo más poemas bien por miedo a la mediocridad o al esfuerzo, bien porque aun no he conseguido asesinar a la parte funcional de mi espíritu.
Si no hubiera desarrollado esta sordera que me regalaron junto a mis primeros patucos, esta incapacidad evidente para dar espacio al lenguaje de las vísceras, ahora sería poeta (el ausnto de la calidad de mis versos pertenece a otro debate). Pero desde muy niño me encaminé por la senda racional y ahora, hace algunos años en realidad, he llegado a la encrucijada. He de decidir. Dos alternativas: escindirme, volverme loco (tentador), avanzar lento por los dos senderos obviando el compromiso del caminante de enriquecer el suelo que pisa; o matar el mundo, presentar mis respetos y esperar el infarto del ciudadano huérfano de realidad para después adentrarme en la senda que no lleva a ningún lugar conocido o imaginado.


eran ya muchos años de tanteo

la voz insegura
collage de ideas al vuelo
latido irregular del deseo y la fe

muchas las dudas

el goteo timorato
en parvulario de entrepierna tupida

montañas de documentadas sandeces
y vuelva mañana
                        o nunca

aspirando a respirar el palacio
de los muros ahumados
persiguiendo animales irónicos
hiriéndose con el retroceso
de la escopeta descalibrada

mucho andén sin exiliados
y los pies raíces en la súplica
del olivo bajo la tormenta

morir para decidir
matar para caminar
dar la espalda a los raíles
ahogar la pulpa de la fuga

y sin embargo correr
                              lejos
lejos de este cuerpo
correr con la cordura cerrada
con la esperanza expectante
del golpe contra la verdad
correr hasta extenuarme
y asegurar la pérdida
de las buenas costumbres

14 de octubre de 2011

Imagíname

Imagíname embutido
en el sueño revelado.

Verás mis faltas menguar,
mi voz decir,
mis ojos desmenuzarte.

Imagíname distinto
a la mentira de tus manos.

Descubrirás la inquietud
del cuerpo informe,
el ser esto y más tarde
otra cosa, lo contrario.

Imagíname incompleto
y me habrás encontrado.

22 de septiembre de 2011

Mis dos matrimonios

Me casé engañado
con la torpe Remedios.

Aumentaron mis dolores
con el roce de sus besos.

La cambié por Angustias
para purgar con penitencia

esas ideas como olivos,
desaliñadas y siniestras.

Sonreía, botaban sus pechos.
No me enseñó a sufrir,

sólo pude follar y reír
angustiado y sin remedio.

Porque últimamente leo y escucho mucho a Sabina.

17 de agosto de 2011

Parajos

Sólo tenía que graznar
a la gaviota:
levanta el vuelo!

Sólo tenía mis entrañas
para alimentar
la manda de cuervos.

Sólo quería cantar
como el canario
Papillón, huido y despierto.

Solo sin campanario,
original zancuda,
vuelvo a África este invierno.

Para John, que me prestó el título.

14 de julio de 2011

Despertar

Mientras escribo noto mis manos temblorosas. Aun con legañas en las yemas. Paro, me lío un cigarrillo, salgo al balcón y me apoyo en la baranda, las manos siguen inquietas. Suspiro y agudizo el oído para captar el silencio del pueblo que despierta. Abajo los pasos de los vecinos suenan a bostezo, se preparan para ir a trabajar. Son pasos irregulares, como si cambiaran de opinión a cada momento, que siguen la cadencia de su corazón acostumbrándose a la cafeína. Pasa por la calle un tractor y veo a los gatos desplegándose, cada uno en una dirección, para buscar una piedra al sol en la que acicalarse.
Los días comienzan todos así, a trompicones, torpes como niños que han pasado la noche entre pesadillas y no están seguros de que el dormitorio en el que despiertan sea real. Debajo de los gruñidos quejumbrosos del estómago vacío puede intuirse el ritmo industrial de la rutina pulida durante años. Me gustaría quedarme todo el día tumbado sin hacer nada, dedicando las horas a observar la calle, creyendo en las posibilidades infinitas de las cosas que tenemos delante y que no vemos, esquivando la deriva hacia el bombo de latido fatuo, hacia esa forma de vivir pautada que hemos encajonado en el reloj.
Pero los demás despiertan y se hacen inevitables los planes, asoman los lugares a los que ir, las obligaciones. Intento poner la mejor de mis sonrisas, siempre sonrío ante el fracaso para acortar el tiempo de olvido de la derrota.
Me gustaría mantener la incertidumbre durante más tiempo, pero no lo consigo. Dura apenas un café, el tiempo de una ducha, lo que se tarda en bajar las escaleras hasta el portal. Dura hasta que el cuerpo decide tomar el control y nos convertimos en otro electrodoméstico más, sólo un poco más inteligentes que la lavadora porque no tienen que decirnos lo que debemos que hacer, lo sabemos, llevamos muchos años haciéndolo, y lo volvemos a hacer hoy, mientras que los gatos se acicalan sobre una piedra caliente.

30 de junio de 2011

Diminutillos

9.

Elevar los lugares comunes,
volverlos apetecibles.
Dar contenido
al fondo seco de la existencia puntal
agujereada
por un pertinaz vivir hacia fuera.
Luz a lo que se hizo invisible
por la mordida cotidiana de los ojos,
por estar demasiado expuesto.
Regresar a dónde nos encontramos
Iguales.
Saludarnos
y echar a andar con el peso bien repartido.

14 de junio de 2011

No está muy lejos ese día

Tu pose orgullosa de magnolio condenado a un arriate, avenida principal en ciudad de provincias. Y aunque no lo pretendas destacas. Sobresales entre el marasmo de experiencias erosionadas porque aunque tus flores como puñetazos blancos, como palomas desaliñadas, agonizan bajo la calima de una primavera envalentonada, aunque tu tronco aparece renegrido, yo sé que tus raíces no te anclan a este empobrecida manera de habitar el mundo sino que se extienden bajo tierra hacia todos esos lugares a los que perteneces y que no son esta catedral vieja construida a retazos ni esta tierra cansada de exclamaciones, Oh Beautiful!, y orines nocturnos.

Tú esperas, como yo, paciente, ese día que nadie se atrevió a profetizar: el día en que los árboles caminen.

9 de junio de 2011

Identidad

Y quién soy yo sino este cúmulo de lugares aprendidos en la boca del estómago.

Quién sino el niño al que nadie encontraba en el juego del escondite. Niño perdido.

Yo cansado de decir sí, del paso marcial del necesitado.

Quién sino este esclavo escribiendo sobre su ingreso voluntario tras los barrotes del mínimo común hombre.

Quién soy sin mis retos triviales, mi angustia en los pulmones removida con cada bocanada de aire o la ira convertida en piel amable.

Quién después de esta resta cruenta igual a nada.

Un manojo de miedo incapaz de olvidar su hambre. Un grito contenido con ganas de escucharSE.

2 de junio de 2011

1 de junio de 2011

Diminutillos

7.

El que relata busca un final. El poeta renuncia a él porque no sabe de dónde parte. El que relata construye, el poeta descubre.

25 de mayo de 2011

Oídos

Necios porque tienen un mandamás derretido. Taponados porque hasta el más tonto de los tontos tiene instinto de supervivencia. Y aun me dejan acercarme al mundo tal y como es, lejos de ese gazpacho de los sentidos que me hace confundir realidad con una postal turística de Roma o con la imagen sin sonido del bombardeo nocturno de Bagdad.

Prefiero crear varias realidades y después ponerlas a conversar. Y que me llamen luego, para oír su acuerdo o para mediar en su guerra. Qué ellas se entiendan porque yo no tengo buenas manos para el pensamiento objetivo.

Tiesas su cara al público como las del gato, con movilidad infinita como las del murciélago. De qué sirve si el canal está obstruido por demasiados años de desconocimientos previos.

Necios porque se limitan a hacer su trabajo sin dejarse condicionar, que ya vendrán los recovecos de cuerpo para adentro para ir revistiendo de capas de seda o de arpillera todo lo que captan. Mis dolores de cabeza no son más que una mala digestión de las conversaciones en crudo.

Fiarse de lo que uno ve es poco más que un suicidio, tocar está mal visto, gustar sólo los potajes, oler sólo la pestilencia. Me quedan mis oídos y no sé cuanto tiempo resistirán hasta volver a taponarse.

17 de mayo de 2011

Gustos y esperas.

Me gusta estar perdido
en lo sencillo.
En tu cuerpo siendo
voz áspera que desespera
y unos ojos suplicando,
y la delicia de tu entrepierna.
Estar perdido en el reflejo
de tu imagen en mis cadenas.

---

A qué esperas para romperme el alma
con esa noticia aplazada
que chorrea de la falsa sonrisa
estampada con mal gusto en tu rostro,
elegida con saña para vestir
mi funeral de fiesta.

Hablas y hablas, no sabes callar.
Esperas mi bufido.
Espera, tengo algo que decirte
pero primero pagamos a medias.
Y yo sólo he tragado saliva
e hipótesis sobre nuestra distancia.

Una copa, la última, y más sonrisas.
No me pasa nada,
es sólo que la función se alarga
y en casa mi mala sombra espera.

Te acompaño y hablamos,
me dejó en la puerta
con el caso sin cadáver
de otra cena desperdiciada,
horas de tira y afloja,
de uno que quiere
y otro que nunca llega.

---

Me gusta esperarte:
Nunca vienes,
Eres cada vez diferente.

5 de mayo de 2011

Diminutillos

6.

Un hombre es capaz de aguantar el disgusto mucho más tiempo que la respiración. Cuando llega al límite de ese disgusto se da cuenta de que lo más lógico es batir el record de inmersión en realidad a pulmón y tanto se empeña en esta empresa que acaba muriendo.

2 de mayo de 2011

29 de abril de 2011

Unos pocos saben.

Aquí pocos tienen
valor,
y muchos
Deben morirse de miedo.

Aquí pocos crean
un lugar,
y muchos creen
merecerlo.

Muchos Obedecen o se rebelan.
Muchos mueren.
Pocos opinan y ninguno digiere
que son sus manos
realidades con consecuencias,
verdades breves,
principio de ojos hambrientos.
Sus manos
para ver y amar
a ese cuerpo intuido,
soporte satisfecho de desacuerdos,
orgulloso de su dolor,
suspicaz con su euforia.
Ese cuerpo de manos firmes
capaz de modelar un mundo
y aplastarlo si lo apura,
capaz de amasar futuro
sin pensar en el fruto,
en la palmada blanda.
Cuerpo capaz de sobrevivir
a todas las obligaciones ajenas.

Diminutillos. Atleta.

Miedo.

Llegar a la meta, subir al podio y después el olvido y el fracaso.


Realidad.

Desperté en la pista, seguía corriendo y no había nadie que quisiera adelantarme. Empecé a buscar el ritmo adecuado.


Plenitud.

Aumentar las distancias. La meta dejó de ser el objetivo, se convirtió en una consecuencia madura.

21 de abril de 2011

Semana Santa

Mientras medio pueblo pasea,
Encajadas en cucuruchos
Sus necesidades de aldea vieja,
La otra mitad, más escuálida,
Sestea en sus colmenas
Siseando disgustos descafeinados.

Unos el pecho hinchado
De orgullo y esparto suave.
Otros aburridos de funciones
Sin chicha ni limoná,
Buscan la explicación a este antiguo
Ritual de escaparate y llanto,
De anécdota de catálogo Travel Club
Que los deja una semana sin pellejo
Y los convierte en actores
Que cobran salario de espuma
Y medias raciones. Y esperan
El lunes para que los salve el jefe,
El SAE o la Virgen si se distrae
De tanto paseo y tanto milagro
Aplazado para años que nunca vienen.

6 de abril de 2011

diminutillos

4.

Jugamos al despiste diciendo verdades. La mentira tiene las patas cortas, pero la verdad es coja. Jugamos a creer sólo aquello que encaja con nuestra realidad manufacturada.

1 de abril de 2011

Estación


Se incendia el mandarino de verde tierno en mi ración individual de naturaleza y me peleo con los pulgones que quieren devorar ese fuego, para ellos tan dulce y que a mi me hace sentir como un cocinero con guantes de boxeo. Me encaro con las razones contundentes de la grama que cubre el pudor de la tierra blandiendo como único argumento el frío permanente de mi piel. Pero apenas alcanzo a distraer su avance de monstruo informe, sólo puedo apretar los dientes para que la marea de hierba y flores no me inunde. Pero siempre encuentra un resquicio por el que colarse hasta lo más recóndito de mi invierno, para hacer que todos los escorzos y los esqueletos de lo que permanecía muerto se revistan de vida nueva.

Miradme, como cada año sucumbo a la prohibición estúpida de no hablar de la primavera, repitiendo así cada estación la derrota del hombre ante lo que le trasciende.

31 de marzo de 2011

La luz amarillea

La luz amarillea.
Abajo, en la plaza,
los chicos sin pisar su casa,
del instituto a la litrona.

La luz amarillea y crea
ilusión de torsos más morenos,
de futuros descansando,
de deseos atemperados.
Sin prismáticos
rapaz bocado de mis ojos
a las otras flores de la primavera.

La luz amarillea
y tengo que ducharme,
desprenderme del encierro
y salir,
sin pasar por esa plaza,
a buscar en otras bocas
piezas para mi cataclismo
mientras reconstruyo el hambre
sin enjaularlo.

Para Fermín.

29 de marzo de 2011

Diminutillos

2.

Las adicciones van muy bien para la memoria. Jamás olvido el café por la mañana, el cigarro después del café y el cilicio después del cigarro.

19 de febrero de 2011

El Observador

Pasa el llanto del platanero que se eleva hacia el cielo llenando el suelo de penachos anaranjados.
Pasa el batir de los jaramagos en el eslalon de las lagartijas buscando un refugio.
Pasa la vieja que en una mano lleva una comprita apenas suficiente para alimentar sus huesos y en la otra lleva dos huevos de chocolate que le han costado más que las cuatro rodajas de pescadilla para su cena ritual. Es sábado y mañana vienen los nietos y sus ojos brillantes miran a los huevos como si en ellos estuviera encerrado el secreto de la felicidad que tiene un sabor desconocido, que ella imagina en el paladar como frutas tropicales estallando.

Se me escapan tantas cosas por galopar en una queja continua que las que capturo me hacen enrabietarme.
Porque eso es lo que no tengo y con lo que estaría enteramente satisfecho. Esa capacidad de mirar y apreciar todos los pequeños detalles que merecen ser elevados de la monotonía y que hacen que las personas no sean simples pingajos de carne y malos humos.
Sería dichoso si se me asignara el cargo de narrador omnisciente que todo lo ve y lo sabe. No porque esté en mi mente, no porque sea fruto de la liberalización del mercado de dioses, sino por el hecho de saber deducir a través de los pequeños hechos invisibles la grandeza de la realidad. Así podría dejar de detestarla.

17 de febrero de 2011

14 de febrero de 2011

Siembra

A las personas es imposible educarlas. Se resisten a ser lo que otros les dicen tienen que ser. A las personas hay que sembrarlas, dejar caer lo que uno siente como conocimiento sobre sus sentidos y esperar.
Hay que saber que jamás recogeremos los frutos que dejemos en su tierra, no nos pertenecen y ni siquiera se parecerán a los que cosechemos para saciar nuestro hambre. Algún día, si aquellos que consideramos fértiles, permanecen a nuestro lado, podremos descubrir nuestra mano en sus frutos. Eso debería bastarnos.