29 de abril de 2011

Unos pocos saben.

Aquí pocos tienen
valor,
y muchos
Deben morirse de miedo.

Aquí pocos crean
un lugar,
y muchos creen
merecerlo.

Muchos Obedecen o se rebelan.
Muchos mueren.
Pocos opinan y ninguno digiere
que son sus manos
realidades con consecuencias,
verdades breves,
principio de ojos hambrientos.
Sus manos
para ver y amar
a ese cuerpo intuido,
soporte satisfecho de desacuerdos,
orgulloso de su dolor,
suspicaz con su euforia.
Ese cuerpo de manos firmes
capaz de modelar un mundo
y aplastarlo si lo apura,
capaz de amasar futuro
sin pensar en el fruto,
en la palmada blanda.
Cuerpo capaz de sobrevivir
a todas las obligaciones ajenas.

Diminutillos. Atleta.

Miedo.

Llegar a la meta, subir al podio y después el olvido y el fracaso.


Realidad.

Desperté en la pista, seguía corriendo y no había nadie que quisiera adelantarme. Empecé a buscar el ritmo adecuado.


Plenitud.

Aumentar las distancias. La meta dejó de ser el objetivo, se convirtió en una consecuencia madura.

21 de abril de 2011

Semana Santa

Mientras medio pueblo pasea,
Encajadas en cucuruchos
Sus necesidades de aldea vieja,
La otra mitad, más escuálida,
Sestea en sus colmenas
Siseando disgustos descafeinados.

Unos el pecho hinchado
De orgullo y esparto suave.
Otros aburridos de funciones
Sin chicha ni limoná,
Buscan la explicación a este antiguo
Ritual de escaparate y llanto,
De anécdota de catálogo Travel Club
Que los deja una semana sin pellejo
Y los convierte en actores
Que cobran salario de espuma
Y medias raciones. Y esperan
El lunes para que los salve el jefe,
El SAE o la Virgen si se distrae
De tanto paseo y tanto milagro
Aplazado para años que nunca vienen.

6 de abril de 2011

diminutillos

4.

Jugamos al despiste diciendo verdades. La mentira tiene las patas cortas, pero la verdad es coja. Jugamos a creer sólo aquello que encaja con nuestra realidad manufacturada.

1 de abril de 2011

Estación


Se incendia el mandarino de verde tierno en mi ración individual de naturaleza y me peleo con los pulgones que quieren devorar ese fuego, para ellos tan dulce y que a mi me hace sentir como un cocinero con guantes de boxeo. Me encaro con las razones contundentes de la grama que cubre el pudor de la tierra blandiendo como único argumento el frío permanente de mi piel. Pero apenas alcanzo a distraer su avance de monstruo informe, sólo puedo apretar los dientes para que la marea de hierba y flores no me inunde. Pero siempre encuentra un resquicio por el que colarse hasta lo más recóndito de mi invierno, para hacer que todos los escorzos y los esqueletos de lo que permanecía muerto se revistan de vida nueva.

Miradme, como cada año sucumbo a la prohibición estúpida de no hablar de la primavera, repitiendo así cada estación la derrota del hombre ante lo que le trasciende.