25 de mayo de 2011

Oídos

Necios porque tienen un mandamás derretido. Taponados porque hasta el más tonto de los tontos tiene instinto de supervivencia. Y aun me dejan acercarme al mundo tal y como es, lejos de ese gazpacho de los sentidos que me hace confundir realidad con una postal turística de Roma o con la imagen sin sonido del bombardeo nocturno de Bagdad.

Prefiero crear varias realidades y después ponerlas a conversar. Y que me llamen luego, para oír su acuerdo o para mediar en su guerra. Qué ellas se entiendan porque yo no tengo buenas manos para el pensamiento objetivo.

Tiesas su cara al público como las del gato, con movilidad infinita como las del murciélago. De qué sirve si el canal está obstruido por demasiados años de desconocimientos previos.

Necios porque se limitan a hacer su trabajo sin dejarse condicionar, que ya vendrán los recovecos de cuerpo para adentro para ir revistiendo de capas de seda o de arpillera todo lo que captan. Mis dolores de cabeza no son más que una mala digestión de las conversaciones en crudo.

Fiarse de lo que uno ve es poco más que un suicidio, tocar está mal visto, gustar sólo los potajes, oler sólo la pestilencia. Me quedan mis oídos y no sé cuanto tiempo resistirán hasta volver a taponarse.

17 de mayo de 2011

Gustos y esperas.

Me gusta estar perdido
en lo sencillo.
En tu cuerpo siendo
voz áspera que desespera
y unos ojos suplicando,
y la delicia de tu entrepierna.
Estar perdido en el reflejo
de tu imagen en mis cadenas.

---

A qué esperas para romperme el alma
con esa noticia aplazada
que chorrea de la falsa sonrisa
estampada con mal gusto en tu rostro,
elegida con saña para vestir
mi funeral de fiesta.

Hablas y hablas, no sabes callar.
Esperas mi bufido.
Espera, tengo algo que decirte
pero primero pagamos a medias.
Y yo sólo he tragado saliva
e hipótesis sobre nuestra distancia.

Una copa, la última, y más sonrisas.
No me pasa nada,
es sólo que la función se alarga
y en casa mi mala sombra espera.

Te acompaño y hablamos,
me dejó en la puerta
con el caso sin cadáver
de otra cena desperdiciada,
horas de tira y afloja,
de uno que quiere
y otro que nunca llega.

---

Me gusta esperarte:
Nunca vienes,
Eres cada vez diferente.

5 de mayo de 2011

Diminutillos

6.

Un hombre es capaz de aguantar el disgusto mucho más tiempo que la respiración. Cuando llega al límite de ese disgusto se da cuenta de que lo más lógico es batir el record de inmersión en realidad a pulmón y tanto se empeña en esta empresa que acaba muriendo.

2 de mayo de 2011