19 de julio de 2013

10 de julio de 2013

Culpemos al verano


No es el verano
ni este albero suspendido
rasgando los ojos
y secando la boca.

Quizá el agónico asfalto,
tan tacaño, palpitando
bajo pies olvidadizos
o el cuento entre líneas
callado en mi infancia
y que ahora es piel y pulmón.

No es el verano
ni las excusas cálidas;
es el crédulo niño
rebozado de angustia
y la esperanza
en el cambio sin actor.

No es este infierno desatado
sino la decoración del vivir
la que derrite los ánimos.