28 de diciembre de 2014

De lo bueno lo mejor, de lo mejor lo superior en este 2014

Sí, es uno de esos post. Me he intentado engañar a mí mismo y de paso a vosotros, convenciéndome de que este tipo de entradas son más para hacer un repaso anual de contenidos que para llenar hueco. Creo que no ha colado.

Aun así voy a atreverme a recuperar lo que estos meses del año que se acaba se ha ido acumulando en mis entendederas. Quizás, quién sabe, hasta saque alguna conclusión válida o algo de lo que me comentéis me abra las puertas de la sabiduría poética.

Vamos que nos vamos. Empezaré por una sección que inicié como un juego y se ha ido poniendo gorda como una suegra “jarta pringa”, los diminutillos. Os traigo tres:


90.

Me he equivocado tantas veces
que soy persona por defecto.

Este me gusta mucho porque habla de como ver los propios puntos flacos te convierte en una persona más canija... humilde, mejor dicho.


93.

de este hilo sin extremos
de dejar de amar la muerte
o de morirme hoy siendo otro

miedo
a esta versión oficial del abismo

Este porque el abismo está imposible últimamente y veo que, desde mayo que fue escrito este diminutillo, la cosa ha seguido empeorando. Total, que un asco, que ya los niños no pueden salir a jugar al abismo porque está lleno de violadores de mentes y todas las farolas están fundidas.


96.

Que fueras un nuevo inicio,
me gustaría,
y que yo así no existiera.

Y este último porque os puede servir de propósito de año nuevo. Aunque es un poco más complicado que dejar de fumar, ser coherente con lo que uno siente y piensa debería ser nuestro mayor afán, pero claro... hay tantos partidos de fútbol que ver que así es casi imposible.

Los diminutillos han sido una de mis mayores satisfacciones-distracciones. Me han ayudado a explicarme lo que sucedía a mi alrededor y de pecho para dentro. Les tengo cariño y creo que van a seguir creciendo el año que viene porque son como los cactus que crecen mejor si no se les echa mucha cuenta, el abono los mata. Así que me sentaré a contemplar sus espinas y a esperar esa rarísima flor entre los pinchos.

A continuación os traigo varias entradas de otras secciones. Son más largas, por eso no las transcribo íntegras y os pego el enlace para evitar que esta entrada acabe pareciéndose a la versión extendida de Ben Hur conoce al Hobbit y este le cuenta la vida de Escarlata O'Hara después de meterse entre pecho y espalda un cocido madrileño.

Empiezo con las Micro Reseñas y os traigo la primera, la que inauguró la serie, dedicada a Hotel New Hampshire de J. Irving. Durante este año he descubierto que dejando un par de días el libro en la mesilla después de terminarlo y volviendo a él transcurrido ese tiempo, uno se encuentra con conclusiones más allá del “¡qué chulo tío, me lo he pasado super, super bien!”. Es más uno comprueba sorprendido que se ha enterado de muchas cosas y que la obra le hablaba a él y a nadie más.


Durante el año entrante mi intención es continuar con estas recomendaciones de las obras que he manoseado. Hay que compartir todo menos las patatas fritas.


Durante el 2014 también me dio por experimentar y aunque no ha explotado nada y no han tenido que venir los bomberos a casa en ninguna ocasión (lástima), este uso de la ciencia del profesor chiflado sí que ha producido algún resultado como son los poemas Tipo Test. Que no son más que una mezcla entre los exámenes de facultad y un chascarrillo poético. Reconozco que esta sección está en la cuerda floja, pero como me lo paso tan bien jugando a construir estas marcianadas que ya veremos qué hago. Aquí podéis leer el que más me ha gustado:



Paso a otra sección que se ha estrenado este año, en los últimos meses de hecho. Veréis, yo antes tenía un blog que era más una bitácora personal, un diario pornográfico de un adolescente calvo. Abandoné esa excesiva exposición pero me quedó el gusanillo de seguir escribiendo y publicando textos centrados en reflexiones sobre lo que me rodea, en mi visión del mundo. Son una especie de artículos de opinión que no publicaría ni el dominical más cutre de un periódico de pedanía. Total, que he recuperado para este blog ese tipo de textos. Aquí podéis leer mi preferido de Los Sueltos, una reflexión sobre el miedo:



Ahora, otra sección recuperada de las catacumbas de mi pasado blogueril (palabro que me he inventado y adaptado al castellano por la jeta): El Diccionario del Diablo, un homenaje a uno de los autores que más han marcado mi trayectoria lectora, Ambrose Bierce. La cosa va de crear relatos breves, en ocasiones varios brevísimos (como los de la entrada que he elegido) que se apoyan en una definición extraída de la obra original escrita por Bierce, un libro imprescindible, por cierto. Los textos escritos bajo esta premisa también suponen un disfrute personal considerable que espero que se note en el resultado. Os dejo uno sobe el o lo Absurdo.
http://acercameintos.blogspot.com.es/2014/11/diccionario-del-diablo.html

Ya para terminar estos Greatest hists en bata de guatiné, una sección con más solera que el sobaco de Cayetana de Alba. Antes se llamaban CONOS, un título absurdo que pretendía ser homenaje a OCNOS de Cernuda pero que a mí, cada vez que plantaba el ojo sobre él, me recordaba más a un helado de cucurucho o, si me frotaba los ojos y aparecía una cejilla sobre la ene, pues... En fin, que no estaba muy convencido y me preocupaba estar ofendiendo a Don Luis con semejante esperpento. Por eso hoy, mientras juntaba letras para esta entrada, me he dicho: «tienes que cambiar esa sinrazón». Así que, en un alarde de ingenio y para reflejar el carácter prosístico de lo que se recoge bajo el epígrafe, la he nombrado ¡Qué prosas pasan! Prosa poética. Aquí os dejo un corte sobre el uso del condicional y los espetos de pollo. Qué raro ha sonado eso, me vendo fatal, por eso no se me curan las heridas.


Esto ha dado de sí el año, espero que los que me habéis acompañado sigáis visitándome y que traigáis a vuestros amigos y mascotas; espero que vengan ojos conectados a entendederas nuevas y que no me falten las ganas de escribir.
Nos vemos el año que viene y que la mala leche de Bierce sea con vosotros y con vuestro espíritu.


23 de diciembre de 2014

diminutillos

121.

Mejor cerca que valla,
vaya que pero,
mejor ahora que ya.

Mejor opción como nombre
que como sinónimo de medrar.

Mejor,
mucho mejor
dormir mucho que dormitar.

20 de diciembre de 2014

Uno menos en la pila de libros pendientes

El libro de los hombres lobo. Información sobre una superstición terrible.
Sabine Baring-Gould
Valdemar Gótica 190p.

A pesar de ser muy fanático de este personaje mitológico, este libro había permanecido medio olvidado en mi biblioteca hasta que, en uno de esos aquelarres personales que se producen cuando uno acaba una obra y tiene que elegir la siguiente, vino solo a mis manos. A partir de ese momento toda la fascinación de épocas anteriores volvió de repente. El hombre lobo damas y caballeros, nada más y nada menos.

Se trata de una obra de divulgación. Una recopilación de casos y sucesos relacionados con el mito. El autor, al que no conocía, es uno de esos hombres polivalentes al estilo renacentista. Nos lo presenta bien Antonio José Navarro en un prólogo más sobre el autor que sobre la obra.

Me agradó especialmente el acercamiento del autor al tema. Desde una perspectiva científica, avanzada para su época, recordar que la obra se publicó originalmente en 1865, aborda los hechos sin profundizar mucho en ellos pero ofreciendo en todo momento su hipótesis que relaciona la licantropía con padecimientos mentales de distinta índole. Pero es este distanciamiento, este no enfrascarse en farragosos análisis de datos, lo que permite además a Sabine respetar también el componente fantástico de lo que tiene entre manos. Así vemos como en la narración de los sucesos a lo largo de las distintas épocas (desde la Grecia Clásica hasta el momento de la escritura del libro) el autor no deja de emplear un exquisito y entretenido tono de literatura de terror. Destacan sus descripciones de los paisajes y de los hechos abominables que son objeto de atención en la obra.

El planteamiento es sencillo, con una traducción cuidada que permite seguir en todo momento lo que se nos narra. Bien es cierto que la prosa, a veces se alambica y aparece algo recargada, pero esto no es ni frecuente ni tampoco sirve para perder el interés en la lectura.

El punto fuerte lo encontramos casi al final, la narración de los sucesos que se le achacan a Gille de Retz, Mariscal de Francia. El autor desmenuza estos hechos y se recrea en ellos durante tres capítulos de su obra. Presten atención al final del Mariscal de Retz, ¿a qué les recuerda?

Otro punto fuerte de la obra es el tratamiento que se hace del mito de la transformación en animal, no sólo en lobo, dentro de las cosmogonías nórdicas. Quién no quiso ser un berserker cuando era adolescente o quizás es que todos los adolescentes lo son.

Aunque el final se hace demasiado abrupto, queda la misma sensación que cuando se termina una atracción de feria demasiado pronto. La mente pide más: más sucesos, más sangre, más transformaciones maravillosas, más secuestros y más locos encerrados en sanatorios insanos. 


17 de diciembre de 2014

Cuándo llamaremos a las cosas por su nombre

cuándo llamaremos a las cosas por su nombre
catálogos a los periódicos
contrato al amor
huida al circo mezclado con pasarela
ladrones a todos los ladrones
cabrones a todos los cabrones
imbéciles a todo el que se lo gane a pulso
y muestre su trofeo y su lugar
en la mentira universal de la lista de precios


la música espanta pájaros y atrae telones
y el espanto el pan nuestro de cada día
solo para algunos pocos
que lo muerden con tus dientes
que lo tuestan lo queman
y lo tiran con desprecio
a las fauces de sus perros con esmoquin

cuándo hablaremos por nuestra boca
sin hacer búsquedas ni apretar el culo
sin anticipar siempre un final para todo
un muro ni muy alto ni muy bajo que nos proteja
doble de tejas y nata en el techo que nos resguarda
cuándo servirá la palabra para pisar nuevas tierras
tan extensas que ya no tenga la belleza
que vomitar para que la atendamos

cuándo escogeremos a la primera la opción inútil
pobre hermosa verdad enferma

pobres palabras mudas 
pobres los hombres que desgastan su ingenio
en tecnologías para desarreglar los nombres
pobres incapaces de asumir 
los restos en sangre de su sorpresa 

13 de diciembre de 2014

el niño de los ojos de almendra

secuestré al niño de los ojos de almendra
le di de comer mi hambre a la cubana
secuestré sus dudas sobre el color del agua
le ofrecí un sueño con sueños amables
lo encontré acurrucado entre largas piernas
«No van a ningún lado» y temblaba
le dí la mano «prefiero el corazón y el futuro;
llévame y te contaré un secreto».

Nos fuimos partiendo dejándonos atrás
Nos fuimos alejando hasta el nacimiento
del olvido llegamos a ese pinchazo sutil
en la piel del pasado el minúsculo punto
de donde brotó la primera sangre ajena

«hemos llegado,
aquí es donde partiste en dos el mundo»
y me dolió como solo duele la conciencia
de los errores repetidos hasta la muerte

10 de diciembre de 2014

diminutillos

120.

soy el que desea el campo a pesar de la alergia
la sencillez a pesar de los escondrijos barrocos
la última oportunidad en el último tren del día
el cadáver elegante el orador el invitado ausente
el cubo de lágrimas y el vivo aferrado a su bollo
soy un hombre empeñado que nadie reclamó
soy alguien desprendido de su propio alguien

6 de diciembre de 2014

Petardos, tormentas y una perra asustadiza

El discurso de la realidad es un temporal impredecible y me parece que los meteorólogos tienen los sesos un poco apulgarados como para dar asilo a un método que, de una vez por todas, arranque algo de lucidez y humanidad a tanta ola impredecible.

No hay que tener miedo a las tempestades ni a los rayos, tampoco al futuro. Tantos años de evolución finiquitados en esta calle sin salida; en los dos minutos, tirando por lo alto, que dedicamos cada mañana a a autoconciencia mientras nos aseamos o cagamos para salir guapos, vacíos y resignados a que nos tortee la ventolera. Tantos años mejorando la especie no pueden desembocar en una conducta tan parecida a la de La Jara, la pastor alemán de mis tíos, que se escondía bajo la cama cuando los niños tiraban petardos en la calle. Pero como era un animal enorme no cabía bien ahí abajo y parecía que iba a sacar el somier en procesión. Colchón, almohada y sábanas terminaban desparramados por el suelo; era un patético espectáculo ver como se mecía el armazón de la cama al son de las explosiones. «Nuestra señora del tapifle», bromeaba mi tío y todos estallábamos en carcajadas.

Absurda historia, lo sé. Pero me da en la nariz que se nos está poniendo a todos una cara de pastor alemán que no se puede aguantar. Parece que esta tormenta está furiosa y no tiene pinta de amainar y que los petardos no van a callar de momento.

La única diferencia que veo entre nosotros y la pobre Jara es que las risas que tú escuchas no son de la gente que te quiere. No son risas indulgentes que después derivan en muestras de afecto, me parece que no. Pero risas se escuchan, eso seguro.

En este hoy donde los meteorólogos son cuentistas baratos que escriben sus historias con veneno, condescendencia y escasísima humanidad; no podemos permitirnos ser costaleros de los mullidas lechos de estos juglares del embuste.

¡Qué la tormenta no nos vea temblar! Es más falsa que un pollo de goma: agua que moja pero no cala. Me ha costado una vida darme cuenta de esto pero ya noto como mis huesos se han secado y vuelven a mantenerme de pie. Ya floto y elijo la ola que intentará ahogarme. También me río más.

Si ellos inventan, tú ve un paso más allá y crea. Sus invenciones son tecnología de humo, tus creaciones te acompañarán siempre.

¡Putos petardos!

***



Notas:

1. Los meteorólogos son buena gente, tengo muchos amigos meteorólogos.
2. Sí, soy de esa ciudad: ¡la der colo especial, my weapon! Siempre que pienso u opino hay al menos una procesión implicada

3 de diciembre de 2014

Uno menos en la pila de libros pendientes

El almuerzo desnudo
William S. Burroughs.
Anagrama. Colección Compactos 252p.

Como viajar en una montaña rusa montado en una moto de nieve, vestido de lagarterana y con aletas. ¿Qué exagerado pensarán? Pues yo creo que me he quedado corto.

¿Qué es El almuerzo desnudo? ¿Qué carajo es El almuerzo desnudo?

Lo único que sé es que después de terminar este libro me siento como si me hubieran zarandeado sin piedad y sin que haya caído in un fruto del árbol. Mi mente intenta hacer conexiones, entender algo, saber de qué me ha querido hablar el autor. Pobre mente acostumbrada...

Pero llego a una conclusión: es un error racionalizar algo así y considerarlo según las estructuras lógicas, habituales, cómodas y apostólicas de narración. Esto no es una historia enmoquetada y con ambientador (más bien al contrario, los olores están muy presentes y no suelen ser agradables).

«Sólo hay una cosa de la que puede escribir un escritor: lo que está ante sus sentidos en el momento de escribir... Soy un aparato para grabar... No pretendo imponer “relato”, “argumento”, “continuidad”... En la medida en que consigo un registro Directo de ciertas áreas del proceso psíquico, quizás desempeñe una función concreta... No pretendo entretener...»

No sé como debe ser leída esta obra, pero así la he leído yo, dejándome llevar por la corriente abrumadora de la voz narrativa que avanza contándonos quién sabe qué. Uno avanza por los párrafos, intenta desentrañar el significado de este o aquel personaje, de esa alusión que me suena de algo, de esa otra que habla de un mal viaje el día que me metí farlopa por la tocha de mi primo el notario de Turruncún mientras un cura travestido hipnotizaba cobras tocando la flauta con el pene.

En fin, que una vez pasados los primeros momentos de «Mira lo dejo, abandono esta locura», uno se pone cómodo y se limita a disfrutar de la aparición de situaciones delirantes, de metáforas brillantes, de una carrera sin descanso hacia ningún final. Yo llegué exhausto pero con una sonrisa. Nadie esperaba ya en la meta; sin nadie que lo ensuciara pude contemplar un paisaje maravilloso: un hermoso Apéndice nevado con un coqueto balneario prendido en sus idílicas laderas.