31 de diciembre de 2015

Por pedir que no quede...

pide justicia y sentido
común o extraño
pide respeto e imaginación
resistencia y hogar

pide ojos abiertos
y horizonte

pide conciencia

no pidas amor
vaciado
amor como excusa
o como baluarte

amor como inicio de nada

pide que el amor se parezca al amor

pide parecerte a todo lo que amas

30 de diciembre de 2015

diminutillos

178.

Zambullirse en el esfuerzo
cuando el esfuerzo crea el mundo,
cuando el mundo quiere mejorar
y pide al ahogado combatir el bullicio
de las almas ignorantes,
morir para desmentir el guirigay
que disimula la entrega.

26 de diciembre de 2015

diminutillos


177.

Solo cesa el hambre
si la curiosidad se alimenta.

Igual que cambia el hombre
su cuerpo por otro cuerpo

más liviano y certero
para buscar lo que desconoce.

23 de diciembre de 2015

Uno menos en la pila...


Defensa cerrada
Petros Márkaris
Traducido por Ersi Marina Samará Spiliotopulu
Tusquets (Maxi) 414 p.

De nuevo me traes Petros un retrato costumbrista. Gracias por llevarme a conocer la belleza de Atenas, sus lugares luminosos, sus monumentos, esas impecables y limpias calles que recuerdan el origen clásico de la civilización occidental, tan equilibrada ella. Y es que Márkaris es el mejor guía posible, su cínica amabilidad hace que las visitas que él guía sean una balsa de aceite, todo calma y buenas palabras. Hasta que le suena el teléfono, al otro lado Kostas Jaritos, y se tiene que marchar para ayudarle perseguir a lo peorcito de la sociedad; es un privilegio que después venga y nos lo cuente así como es él, sin tapujos. Lo hace con maestría, de forma fluida y adictiva. Cuando todo termina y me vuelve a invitar a pasear por la zona amable de la vida ya es imposible contemplar con los mismos ojos esas calles y a sus gentes.

En este libro le toca recibir leña al mundo del fútbol, nido de mafiosos y tapadera ideal para negocios sucios, y al de la vida nocturna ateniense, tres cuartos de lo mismo. Por supuesto hay una trama política detrás, porque la podredumbre de los potentados es algo que gusta mucho a Márkaris, aunque en esta ocasión los politicuchos se libran de ser objetivo directo del incisivo colmillo del narrador griego. La corrupción institucional como parte del retrato que nos hace de su país es una marca identificativa, el antojo con forma de cruasán en la nalga izquierda, de los relatos escritos por este autor.

Volvemos a cruzarnos el comisario Jaritos en su salsa, con su diccionario que nos demuestra su humildad, si no sabe algo lo mira y punto, y después a dormir una buena siesta con el libro abierto sobre la panza. Un hombre que sabe vivir en la mierda sin convertirse en mierda, que no pretende ser salvador de nadie ni arreglar todo lo que a su alrededor está roto. Un policía que no puede dejar de hacer bien su trabajo, esa es su motivación, sin una gota de moralina más de la cuenta.

Encontramos el habitual estilo directo, sin concesiones. Personajes que se dibujan con perfección a través de sus imperfecciones. Conocemos más del apurado Jaritos, más de su familia, su historia personal va evolucionando desde el primer libro de la serie, Noticias de la noche. De nuevo el punto fuerte en esta novela es la ambientación y la estructura clásica y sencilla de los relatos policíacos: pistas que aparecen en un orden lógico, no hay líneas narrativas retorcidas, y el pastel salado que se va descubriendo lento pero sin pausa, con un control óptimo de la tensión narrativa.

Este es el segundo libro de una saga que estoy seguro leeré hasta la última palabra. Porque me apetece conocer cómo le va a este tipo, saber si su mujer, Adriani, ha sabido cuidar de él con su quisquillosa forma de quererlo, qué pasa con los amoríos de la niña de sus ojos, Katerina, o si aguantará su Mirafiori los tutes que le da Jaritos por las avenidas de la ciudad. No todo va a ser investigar para trincar a los golfos. Han bastado dos novelas para que me sienta como un pariente cercano y coñazo del comisario.

Recuerden, esta es una lección que he aprendido de Adriani: las reconciliaciones se sellan con comilonas. Atraquémonos de tomates rellenos para firmar la paz (se recomienda tener cerca un cubo de bicarbonato y si os sobra pues para el ágape de mañana), para perdonarnos a nosotros mismos por no estar ya leyendo otra entrega del mundo Kostas Jaritos. 

¡Buen provecho! 

19 de diciembre de 2015

diminutillos

176. 


En el extremo, en el vértice, en el confín;
en nuestro cuerpo exacto
asoman posibilidades incautas
capaces de disfrutar de lo inseguro.

16 de diciembre de 2015

diminutillos

175. 

Las figuras imprescindibles,
las que sustancian el mundo
no son potentados ni premiados
no son famosos ni santos
ni siquiera son amas de casa.
Son los mecánicos,
los que saben de tuercas y engranajes
pero no idolatran a la máquina.

12 de diciembre de 2015

Uno menos en la pila...




Manuel Díaz Luis
Editorial Delirio, 144 p.

Antes de contaros de qué va la película quiero dar las gracias a la web Mucha Más Literatura (@MuchaLecturacom) ya que esta lectura ha llegado a mis manos tras ser el afortunado ganador en un concurso que organizaron para celebrar su segundo aniversario. También quiero agradecer a Almudena, de la Llibrería Ramón Llull y Miguel, de Cosecha Roja, su aportación de los premios y su papel como ojos inocentes en la elección de ganadores. En mi caso fue Almudena la que se fijó en mi microhistoria de amor romántico rural y la consideró merecedora de este libro con semejante Gallo Kirico en la portada. Dicho queda, gracias por sumar lectores y por ayudar a que la literatura llegue a más sitios.

Entro en faena. Cojo el camino que serpentea sierra arriba, dejo atrás picachos escarpados, helados saltos de agua, cazadores que te disparan en el culo desde los matorrales, el sonido lejano de fanfarrias y orquestas que celebran las fiestas patronales en los pueblos de la comarca. Siguiendo ese sendero acabo sumergido en el mundo aislado de San Andrés de la Sierra, un pueblo de condición salvaje, apegado a la tierra y sus secretos, ajeno a mucho de lo que pasa más allá del monte de la Quilama. Habitantes orgullosos que sobreviven, vivencias que son leyendas, leyendas que son rutina, rutina que por momentos nos parece un cuento violento y hermoso.

Al llegar a San Andrés me dirijo a casa de la señora Arageme, la curandera, y me dispongo, con recogimiento, a escuchar una de sus fábulas de sabiduría ancestral que suelen estar repletas de fantasía y violencia justificada por tener que convivir y competir con la naturaleza agreste, ferocidad necesaria e inevitable. Historias contadas por una lengua extraña que se desata y nos ofrece los matices de un léxico preñado de realidad, riqueza, precisión y belleza. El habla local se convierte en un personaje más.

Me arrellano frente al hogar con las ascuas aún incandescentes. La señora Arageme me ofrece una copa de aguardiente para hacer entrar en calor las tripas y amodorrar el cerebro, para desenganchar el alma de los afanes cotidianos y predisponerme a la fantasía que se asienta en la sabiduría popular, en la vida difícil, en un pueblo orgulloso de su pasado y sus costumbres.

«El fuego estaba entrando en las entrañas de la leña y le iba sacando los vientos. Los troncos calcinados se retorcían sobre sí mismos como si tuviesen vida propia. Las llamas que salían de dentro bramaban con tanta fuerza que parecían gritos».

Pero no es esta curandera la que nos narra las vicisitudes de los habitantes de San Andrés. Es una voz infantil, testigo narrador, cronista y cuentista de cómo la muerte y la vida se ven con frecuencia las caras en las calles del pueblo. Aparece el cura, el médico, la beata, el bruto... Toda una procesión de lo que podrían parecernos personajes estereotipados pero que, por el afinado lenguaje y sus acusadas personalidades, se acaban convirtiendo en personas de carne y hueso, en seres familiares. Para alguien, muchos hoy en día, que no haya tenido contacto con la vida rural, este relato resultará sorprendente y revelador por su autenticidad y crudeza. Para el que sí conozca situaciones similares no será mal recordatorio de cómo fueron las cosas, un ejercicio de memoria muy necesario en el mundo superficial y ajetreado que habitamos.

Todo el libro podría leerse como un homenaje a una vida extinta. Como una crónica de tiempos y usos más naturales. Difíciles, sí, pero que nos pueden revelar algunas de las incongruencias de nuestra forma actual de vivir.

Esta es una narración de barra tabernaria, una conversación entre comadres en los portales de sus casas, un cuchicheo de niños en el colegio cuando el maestro no está mirando. Nada de grandilocuencia, la grandeza de esta novela está en las pequeñas cosas, la mayoría de ellas ya inexistentes.

Como curiosidad, y por dar un uso práctico a esta obra, diré que sirve de extenso catálogo para padres indecisos respecto a qué nombre poner a sus retoños. Aquí encontrará muchos originalísimos, perdidos ya, pero que aportarán al niño o la niña por nacer una fuerte personalidad. Padres dispuestos a enfrentar la cara de sorpresa del funcionario del Registro Civil, este es vuestro libro.

Podría, como el Naza, enloquecido de amor, estar oyendo toda mi vida a la señora Arageme. Dejándome calmar por sus historias que son como ungüentos beatíficos que permiten evadirse de la realidad y sus asechanzas. Pero si os sucede lo mismo que a mí tras leer este libro (porque deberíais leerlo), tened cuidado porque quizás después no queráis retomar el camino que lleva al llano, de regreso a vuestros cuerpos y vuestras vidas. Estáis advertidos.

9 de diciembre de 2015

diminutillos


174.

No es habitable un mundo
si despertar es tarea y no inercia;
un mundo donde lo esencial
requiere nociones de protocolo.