28 de noviembre de 2016

El club de lectura de La Isla de Siltolá

Segunda sesión (24 de noviembre)



El pasado jueves nos reunimos en la librería para intercambiar opiniones sobre las dos obras que este mes hemos leído para el club de lectura: Un hombre al margen de Alexandre Postel, editado por Nórdica; y El arte de la fuga de Vicente Valero, editado por Periférica.

Faltaron algunos por esas cosas cotidianas e inevitables, pero avisaron para que contáramos con ellos en el mes de diciembre. Los que estuvimos mantuvimos una conversación enriquecedora, con sus derivas y sus digresiones. Una charla con ese característico ir y venir de los coloquios relajados y sin más intención que disfrutar de una afición común. En una actividad como la nuestra son más importantes las ideas que extraemos de las intervenciones de los demás que las conclusiones taxativas y personales con las que llegamos. La «rigidez», lo preconcebido, pasan a un segundo plano cuando las ideas se matizan y pasan a ser algo construido entre todos.

Las dos obras gustaron bastante, aunque parece que la de Valero consiguió fascinarnos a todos. Es evidente que solo puedo hablar por mí y que cada uno experimenta a su manera las lecturas, pero quiero dejar escrito, y así lo intenté transmitir al grupo, que El arte de la fuga es uno de esos libros capaces de alegrarte no solo un día, sino una vida; uno de esos que al ser recordados evocan placer, reflexión y profundidad a partes iguales.

Se trata de obras diferentes entre sí, una más cercana a lo poético y otra con una estructura más «tradicional»; con objetivos, recursos y temáticas distintos. Mejor así, porque cuando se proponen dos lecturas para un solo mes es mejor no pecar de reiterativo; así conseguimos que después de acabar la primera la siguiente no se vea condicionada o pueda cansarnos.

Os expongo a continuación algunos aspectos que tratamos. Y os invito a participar para completar mis apreciaciones.

Respecto a Un hombre al margen, destacó el animado debate en torno al tema principal del libro y su desarrollo. Todo un tabú que el autor se atreve a exponer de forma descarnada aunque no siempre acertada. Los hilos que derivaron de esa conversación fueron muchos: nos lo llevamos a lo personal, qué haríamos nosotros en una situación similar; la psicología del personaje y su verosimilitud; la crítica feroz al papel de algunos estamentos sociales o la condena social como método de control de la civilización (aquí tuvimos ejemplos y asesoramiento profesional, otra ventaja de este club: cada uno tenemos nuestro bagaje y siempre es interesante escuchar lo que alguien cercano a lo narrado tiene que decir). El texto gustó, pero detectamos algunos errores atribuibles a una corrección irregular y deficiencias en la estructura de la narración.

De El arte de la fuga destacó la satisfacción general. Agradó mucho la obra de Valero, y lo hizo por varias razones, muchas formas de sentir y disfrutar de un libro como este se pusieron sobre la mesa. Estuvimos de acuerdo en el dominio de la lengua que el autor demuestra y que sobresale como uno de sus puntos fuertes. Como digo, las interpretaciones fueron muy diversas. Respecto a los temas principales se señalaron la locura, el amor, la poesía… Como veis no hubo acuerdo, pero no nos hizo falta. Tampoco supimos decir si se trataba de una novela, un libro de relatos, un poema encubierto. De nuevo la charla derivó a temas tangenciales: qué es poesía y qué no lo es, la crudeza de lo que se cuenta y cómo la calidad del lenguaje evita que se nos indigeste o qué tiene que tener un autor para poder ser considerado un profesional de la escritura. 

Fue una sesión fecunda. Para la próxima, en diciembre, nos espera Canadá, de Richard Ford. Os dejo una breve nota sobre esta novela para abrir boca.



«Una bellísima y profunda novela sobre la pérdida de la inocencia, sobre los lazos familiares y sobre el camino que uno recorre para alcanzar la madurez. Un libro de aliento épico sobre los ritos de paso de la adolescencia que confirma a Richard Ford como uno de los ineludibles maestros en activo de la literatura norteamericana».

Como siempre invito a los asistentes al club a participar y dejar sus impresiones. Si no lo eres, también nos interesa tu opinión (y tu asistencia), para, con muchas voces, construir una más amplia, profunda y perspicaz.

Felices lecturas y nos vemos en la próxima reunión el 22 de diciembre.

14 de noviembre de 2016

El club de lectura de La Isla de Siltolá


El pasado veintisiete de octubre comencé una andadura a la que ya tenía ganas de enfrentarme: tuvo lugar la primera sesión del club de lectura de la librería La Isla de Siltolá. Tendemos a olvidar muy rápido lo que sentimos en los momentos que reservamos para nuestras actividades más placenteras, enseguida la memoria relega a un pertinente rincón secundario todo lo que pensamos y sentimos durante esos paréntesis que son tan necesarios. Para evitar este efecto del ciudadano desmemoriado podemos hacer muchas cosas y, tratándose de libros, protagonistas de esta actividad, creo que es lógico utilizar la palabra para transmitir algo de lo que experimenté en esa escasa hora y media.

Tenía ganas de empezar porque un club de lectura supone una manera distinta de leer. Una experiencia novedosa y que sacia. Novedosa, sí; porque no es tan común tener un espacio en el que compartir aficiones (me atrevería a decir que pasiones). Siempre me sorprendo cuando surge esa especie de ilusión colectiva, esa fuerza especial que no es más que la capacidad de varias mentes discurriendo al mismo tiempo. No quiero exagerar, pero estamos tan distraídos ganándonos la vida que no nos damos cuenta que dentro de esa expresión solo se esconde la parcialidad del día a día, de lo rutinario. Por eso, aunque sabía que iba a pasar por mi experiencia anterior, no dejé de disfrutar y sorprenderme con las aportaciones de los participantes. Ver como la lectura propuesta toma otra dimensión cuando es analizada desde muchas subjetividades es como asistir a un proceso extraño e íntimo. En este caso fue aún más especial ya que el libro que leímos (Personas como yo, de John Irving) no gustó nada a los asistentes. Pero el objetivo común y la mente ampliada del grupo hicieron que me fuera a casa con una perspectiva mucho más amplia de la obra. Es lo que suele pasar en este tipo de reuniones: guste o no lo que se haya leído; sean los argumentos racionales, técnicos o emocionales; uno siempre recibe más de lo que aporta. Decía también que se trata de una actividad que sacia, y lo hace porque nace de una pasión que poco tiene que ver con la obligación a la que estamos acostumbrados, esa que es como una prenda de uso diario que se nos ha quedado algo pequeña. Siempre la llevamos puesta pero aprieta, la molestia no es insoportable, pero acabamos el día, cuando nos la quitamos, frotándonos la zona dolorida donde el elástico ha dejado su marca. Al terminar estaba, saciado, satisfecho, lleno, notaba la sangre en el cerebro y el frío que te asalta después de comer cuando la sangre abandona la piel porque se la necesita en otros órganos más activos. Ese frío es magnífico y no tan frecuente como me gustaría cuando la víscera (perdonen la licencia) que come es el cerebro.

En definitiva, pasado el susto de ir preguntando a los asistentes si les había gustado el libro propuesto y ver en sus caras que no, nada, en absoluto… pronto se desencadenó una charla enriquecedora, llena de preguntas, de puertas que se abren, de ganas de compartir y de comunicarse.

Mi intención para el futuro es ir publicando aquí una especie de diario de sesiones. Intentaré ser más específico acerca de los temas que se trataron en la sesión, recoger las ideas principales y todo lo que vaya sucediendo dentro y fuera del club de lectura. Por supuesto estáis invitados a participar, tanto asistentes como cualquiera que quiera aportar comentarios sobre su experiencia en otras actividades similares.

Termino ya y me voy a leer Canadá, de Richard Ford que es el libro que tenemos programado para la sesión de diciembre. La próxima sesión será el veinticuatro de noviembre y hablaremos sobre dos obras: El arte de la fuga de Vicente Valero y Un hombre al margen de Alexandre Postel.


Por último, quería dar las gracias a La Isla de Siltolá y en especial a Javier Sánchez Menéndez por la confianza y el ofrecimiento para pilotar este club de lectura. Allí os espero para, entre todos, hacer de nuestra afición algo aún más interesante y placentero.


Felices lecturas.

10 de noviembre de 2016

diminutillos

216.

ya no busco en el territorio
difuso de lo acostado y lo acatado

ya no busco solo observo
espero
escondido tras otras pieles

la verdad
digna de la vida inevitable que espera

3 de noviembre de 2016

diminutillos




215.

han conseguido que desee todo lo que me limita

la pertenencia sin condiciones
se parece mucho a una esclavitud disimulada

he conseguido andar con estos pies disparados

la sopa boba en calmachicha
que nos muerde la iniciativa

hemos conseguido ir tirando
                                     la vida
calderilla que arrojamos de espaldas a la fuente seca 

hemos conseguido habitar la esperanza vacía 
edificar sobre las buenas intenciones y la suerte 


mientras, otros más muertos, custodian nuestras palabras